El primer paso para conseguir eficiencia energética es conocer nuestro proceso y poder imponer un objetivo de ahorro cuantificable mediante medidas trazables.
Una auditoría energética consiste en recoger información para su estudio de todos los agentes implicados en el proceso de consumo y producción de energía. El objetivos es la realización de propuestas que permitan hacer más eficiente el consumo respetando la idoneidad de las condiciones de trabajo del sistema analizado.
El proceso de la auditoría energética suele consistir en los siguientes pasos:
- Recopilación de facturas energéticas. Deben ser de como mínimo un año completo.
- Recopilación de las características de los equipos transformadores de energía.
- Análisis de las características del centro consumidor.
- Realización de cuestionarios al usuario final sobre las características del centro consumidor. Usos y horarios.
- Tomas de datos de consumo mediante instrumentación portátil durante un período suficiente en aquellos puntos donde sea importante conocer la forma en que se consume. Los datos pueden ser tanto de consumo (e.g.: electricidad consumida por el sistema de climatización) como de valores que provocan el consumo (e.g.: temperatura del local a climatizar y del exterior).
- Elaboración de una propuesta técnico-económica que permita conocer diferentes propuestas de ahorro energético en las que se indique su inversión y el plazo de recuperación.
“¿Por qué las auditorías no son suficiente?”
- La eficiencia energética no es fruto de un esfuerzo puntual, por el contrario, se basa en la mejora continuada del proceso consumidor.
- La información recogida siempre es insuficiente.
- No se diferencian las diferentes temporalidades (e.g.: diferencias de consumo importante entre la temporada de invierno y verano).
- No tenemos el detalle del consumo horario.
- No conocemos el comportamiento real del usuario.
- No conocemos qué factores influencian más sobre el consumo.
- Desconocemos el estado de mantenimiento de las máquinas transformadoras de energía.
- Las propuestas de mejora se basan en la información recogida (que ya sabemos que es insuficiente).
- En muchas ocasiones, las alternativas de mejora presentadas no son evaluadas durante la puesta en marcha ya que requerirían una nueva auditoría de datos. Falta de trazabilidad.
- Sólo es posible presentar mejoras basadas en el estado de la técnica en el momento de realizar la auditoría.
La mejor solución: Monitorización continua
El control de la eficiencia energética en el consumo no puede ser el fruto de un esfuerzo puntual. No podemos quedarnos en la auditoría energética del experto. La monitorización continuada del consumo energético aporta ventajas. En la mayoría de las instalaciones, ya sean industriales o del sector terciario, sólo en base a la observación continua somos capaces de entenderlas y de mejorarlas.
Necesitamos un control continuo y una verificación de que las acciones corretoras dan el resultado esperado. TRAZABILIDAD. El rigor con que se realice la gestión energética es determinante a la hora de buscar el ahorro.
El factor humano hace que muchos de los posibles ahorros se consigan gracias a la acción de un gestor y no a una automatización:
- Consigna de temperaturas. Un grado de diferencia en la consigna de temperatura puede implicar entre un 4% y un 10% de variación en la factura energética.
- Ventanas abiertas.
- No hay fórmulas exactas para cada local, ya que depende de la ocupación y de la actividad que se desarrolle en él.
- El ahorro energético no puede ir en detrimento ni del confort ni de la productividad.
- Las instalaciones cambian, envejecen.
Fuente: SIGE, S.L.